miércoles, 20 de agosto de 2008

Cultive Una Red Social y Amplíe Su Esfera De Influencia. (por Tomás Berriolo)



Og Mandino, renombrado conferencista y escritor a quien se le conoce muy bien por el best-seller “El Vendedor Más Grande del Mundo”, del cual se han vendido más de 35 millones de ejemplares, fue el orador principal en julio de 1992 en la convención anual de la Speakers Association de los Estados Unidos de América. Durante cuarenta y cinco minutos se refirió al hecho de que nadie que haya tenido éxito, lo logró por sí solo. Habló de su esposa, de su familia, de sus socios, de sus co-equipers y de sus amigos.

¿Le encuentra algún punto de referencia con el concepto de cultivar redes sociales? ¿No cree que es un excelente punto de partida para cualquier negocio networking? Esa tarea de sembrar redes sociales, se trata de fomentar y promover relaciones en beneficio mutuo; es un proceso de dar y recibir, yo-gano-tu-ganas. Veamos la definición de la palabra red que nos da el diccionario:

“Cualquier combinación ordenada de tejido o de alambres o hilos paralelos, cruzados por otros a intervalos regulares y sujetos a los primeros, de manera que dejen un espacio abierto; malla”.

Si adaptamos la definición anterior y sustituimos las palabras tejido, alambres paralelos e hilos por la palabra personas, obtendremos la siguiente definición:

“Red social: Una combinación ordenada de personas cruzadas a intervalos regulares por otras personas, todas ellas dedicadas a cultivar entre sí relaciones mutuamente benéficas, de dar y recibir, del tipo yo-gano-tu-ganas”.


La Estructura Básica

Así como todos estamos en el centro de nuestro universo particular, también nos encontramos en el centro de nuestra red de relaciones. Y entendemos, desde luego, que todas las demás personas están en el centro de sus propias redes, dado que así se conforma el entretejido social. Cada una de las personas que la forman sirve como fuente de apoyo para todas las demás que integran esta red: referencias, ayuda, información compartida. Los que saben cómo utilizar la tremenda fuerza de una red, comprenden el siguiente hecho, por demás importante:

No dependemos unos de otros; tampoco somos independientes unos de otros; todos somos interdependientes unos con otros.

La verdadera fuerza surge a la luz cuando nos damos cuenta que todas las personas que integran nuestra red social, también forman parte de las redes de otras personas y posee cada cual su propia red, con gentes a quienes no conocemos personalmente. Y eso hace que, de manera indirecta, cada una de esas personas también formen parte de nuestra red.


Esfera de Influencia

La esfera de influencia es sencillamente el conjunto de personas que Usted conoce, las personas que de alguna manera son parte de su vida en forma directa, o incluso en forma por demás indirecta. Su esfera de influencia abarca a todos, desde los miembros inmediatos de su familia hasta los parientes más lejanos; desde sus amigos íntimos a los conocidos en forma casual, la modista, el peluquero, la peinadora, el mecánico, la manicura, el médico, el odontólogo, el plomero, el comerciante, el vecino, el diariero, el oficial de cuentas bancarias, el agente de seguros. Prácticamente a toda persona que de alguna manera afecta su existencia y cuya existencia Usted también afecta o se vincula por cualquier motivo.

¿Alguna vez escuchó hablar de Joe Girard? Asignado a una concesionaria Chevrolet en Michigan, fue uno de los vendedores más exitosos del mundo. Fue en realidad el vendedor de automóviles de mayor éxito en el mundo durante casi tres lustros. Exactamente durante catorce años apareció en el Libro Guiness de récords mundiales. Girard explicó lo que el llamaba la “Ley Girard de los 250”. Básicamente, ese precepto afirma que cada uno de nosotros tiene una esfera de influencia personal de unas 250 personas.

Si bien el número que Girard propone pareciera ser algo elevado, la cifra de 250 personas sobre las que ejercemos influencia, o conocemos, es muy válida. Usted lo puede comprobar tomando papel y lapicero y anotando el nombre de todas las personas que conoce, pero absolutamente a todas, y cuando sume, el número será muy cercano a 250. Otra manera de comprobar la certeza del concepto, es realizando simuladamente una lista de invitados para una boda y se dará cuenta que esa cifra es perfectamente viable.

En algunos de mis seminarios he sugerido a los asistentes que tenían hijos o sobrinos adolescentes, les propusiesen a ellos, como un juego, realizar una lista de invitados para una gran fiesta que tal vez se realizaría. Podríamos hacer lo propio en nuestro caso: propóngaselos como un juego, y ya verá que en una tarde Usted ya dispondrá un listado preliminar lo suficientemente apto y amplio como para comenzar a discernir quienes serán sus mejores vínculos, para comenzar a diseñar su amplia red de contactos.

Tomando en cuenta lo anterior, piense que cada vez que Usted conoce a una persona nueva, ésta, por muy común que sea, también debe tener unas 250 personas en su esfera de influencia. Y, como Usted sabe, una vez que esa persona pasó a formar parte de su red social, hay otras 250 personas que también se convierten en miembros indirectos de ella. Cultive una red social de suficientes personas nuevas, vincúlese y haga amistades, y su esfera de influencia personal alcanzará niveles increíbles. Ya comprobará como su vida personal y profesional pueden tener un crecimiento exponencial casi inimaginables.

Seguiré considerando el tema de las redes sociales y su influencia sobre el Network Marketing ó Marketing de Redes (MdR), en próximos artículos en los que trataré de aportar ideas en relación a cómo despertar un adecuado nivel de confianza, cómo contactar eficazmente, lograr la mayor eficiencia, ayudar a otros a ser exitosos y el valor de las preguntas.

Literatura consultada: “Contactos sin límites”, de Bob Burg ; "Guía de Iniciación al Marketing de Redes”, Equipo Los Girasoles SRL.

martes, 19 de agosto de 2008

El Compromiso, Ese Gran Dilema. (por Tomás Berriolo)

“Genio, poder y magia”

“Hasta que uno no toma el compromiso, siempre está presente la reserva, la duda, la posibilidad de echarse atrás, la eterna inoperancia. Hay una verdad esencial concerniente a todas las iniciativas y creaciones: en el momento en que uno se compromete definitivamente, providencialmente muchas cosas se ponen en marcha y de pronto todo nos parece favorable sin que haya otra explicación. Pasar por alto esa circunstancia, nos conduciría a desbaratar muchos planes e ideas espléndidas. La decisión de comprometerse desata una serie de imprevistos que ponen en nuestro camino toda clase de encuentros, así como ayuda material, con los que no nos habríamos atrevido ni siquiera soñar. Siento reverencia por aquel célebre verso de Goethe: “Todo aquello que puedas hacer, o soñar que puedas hacer, acomételo; en la audacia y el coraje hay genio, poder y magia”(W.H.Murray “La Expedición Escocesa al Himalaya”).


El Radiofaro

El compromiso es la chispa que enciende el fuego, es la llave que hace arrancar el motor. Cuando trazamos una raya para dejar claro que habrá un antes y un después y nos decimos: “Me comprometo a hacer esto, cueste lo que cueste, durante el tiempo que sea necesario”, salta dentro nuestro una señal invisible como un radiofaro, en la que resuenan y se comienzan a visualizar todos los recursos necesarios para llevar a cabo la tarea.

Las ideas comienzan a discurrir, el tiempo se “ralentiza” o acelera según haga falta, los recursos comienzan a materializarse como por arte de magia, y la gente acude en nuestra ayuda como si la hubiésemos convocado. ¿Cómo puede ser que ocurra esto?, quizá se pregunten ustedes. Vamos a verlo a través de una sencilla comparación.

¿Jugaste alguna vez con un pequeño diapasón? ¿Recuerdas que al darle un golpecito se ponía a vibrar y zumbar y a transmitir por el aire ondas de sonido de una determinada frecuencia? Al acercarle otro diapasón afinado a la misma nota, captaba la vibración del anterior y enseguida comenzaba a zumbar y vibrar en sintonía con el primero; si el segundo aparato no estaba afinado a la misma nota, no vibraba.

De la misma forma, los seres humanos también enviamos señales silenciosas e invisibles. Casi todo el tiempo esas señales son débiles y difusas; sin embargo, al llegar a cierto grado de compromiso, las vibraciones humanas se intensifican. El espíritu, el alma, la fuerza vital, la adrenalina, comienzan a hacernos vibrar a mayor frecuencia. La gente que nos rodea capta inconscientemente esas vibraciones como si fueran invisibles señales de radio. Hay pequeños gestos, actitudes y posturas que manifiestan ese sutil mensaje que dice “me he comprometido definitivamente”.


“¡No quiero compromisos con nadie!”

Hay personas que en el estudio, los negocios, en las empresas y en la vida, preferirían pasar absolutamente desapercibidos, sin tomar compromiso con nada y con nadie, en una mediocridad desmoralizante que suele terminar en la queja, las excusas y hasta la transferencia a otros de la culpabilidad sobre sus propios actos e incapacidades.

¿Es que nos deberíamos comprometer con la empresa?, ¿tal vez con nuestro gerente?, ¿o con nuestro jefe?, ¿o con nuestro líder?, ¿o quizá con el negocio que estamos desarrollando?, ¿o con nuestro personal subalterno?, ¿tal vez con los clientes?. La realidad es que debiéramos comprometernos con nosotros mismos. Si en realidad deseamos ser exitosos en los negocios, trascender en la vida y mantener nuestra autoestima en un nivel apropiado, deberemos adoptar la decisión de jugarnos con todo, sin reservas, de hacer todo lo necesario por el tiempo que sea necesario. Recuerdo aquí una frase de Winston Churchill: “No es suficiente tratar de hacer algo lo mejor posible. Hay que nacer todo lo que sea necesario”.

El compromiso debe ser una promesa personal, de la cual es imposible retractarse. Menos que eso no funciona. Sería una forma de distracción, una manera de entretenernos, una trampa personal que nosotros mismos armamos para ilusionarnos e inmediatamente “tirar la pelota para adelante”. Quienes “no quieren compromisos con nadie”, generalmente son incapaces de tomar siquiera compromiso con ellos mismos. En ese caso, permítanme que les diga que se han metido en un callejón sin salida. La vida no funciona de esa manera; siempre habrá necesidad de interacción personal a todo nivel.


Declare su compromiso…y acudirán en su ayuda

Al comprometerte, las células de tu cuerpo se llenan de energía procedente de la pasión que genera la decisión irrevocable. Cuando el compromiso se asume en grande, la moral es alta, el rendimiento y la calidad de nuestra tarea se elevan a niveles considerables, y si – por fin – declaramos públicamente el compromiso contraído y lo hacemos conocer, misteriosamente aparecerán muchos que desearán ayudarnos.

Y aún más: se pondrá en funcionamiento nuestra inventiva, nuestra capacidad creativa, nuestra imaginación nos mostrará caminos que antes no veíamos y ahora se nos descubren de una manera increíble. Es muy sencillo: al comprometernos, hemos tomado la determinación de abandonar la mediocridad, descubrimos que hay una nueva realidad, y que “el acto del descubrimiento – escribía Marcel Proust – no consiste en encontrar nuevas tierras, sino en ver con nuevos ojos”.

Indaguemos en uno de los espacios más inexplorados del mundo, que es esa porción existente entre nuestras dos orejas, y seguramente en nuestro interior encontraremos las respuestas para que adoptemos la decisión, trascendental para los negocios y la vida personal, de asumir compromisos y honrarlos mediante la acción consecuente. Y comprobarán la certeza de la frase de Marcel Proust, con la cual cerraba el párrafo anterior. Será un estimulante ejercicio de autodescubrimiento. ¡Buena suerte!