miércoles, 9 de febrero de 2011

“¿Usted está enfocado…?” (por Tomás Berriolo)


El proyector descompuesto

En uno de mis seminarios relacionado con la planificación, acostumbro a comenzar con una primera diapositiva absolutamente fuera de foco y por consiguiente totalmente ilegible. Mientras los asistentes me hacen señas indicándome el problema que tiene el proyector, me hago el desentendido y sigo presentando los temas a considerar durante la clase.

Luego me aproximo al proyector y despacio le voy dando foco a la diapositiva; entonces aparece una leyenda muy nítida en letras blancas sobre fondo azul oscuro, que dice: “El proyector no está descompuesto, solo está desenfocado. Ahora bien…¿Usted está enfocado?” Este pequeño e inesperado artificio me da pie para comenzar preguntando al auditorio quienes poseen planes escritos para el próximo mes, el próximo trimestre, el semestre, el año.

Es notable la ambigüedad en la mayoría de las respuestas: “crecer mucho”; “lograr muchos cierres de ventas”; “hacer más entrevistas o contactos”; “incorporar socios a mi negocio”; “lograr armar un gran equipo de ventas”; “comprometerme a full” y toda la gama posible de respuestas inciertas que denotan, a su vez, pensamientos inciertos e inexistencia de planes.


“El que no planifica…

…está planificando su fracaso”. Así cerraba Jim Rohn una de sus charlas. Y es absolutamente certera la frase, porque es común ver gente que anda por el mundo viviendo el día a día, dispersos, a la buena de Dios, sin planear ni su vida ni su negocio. Son personas que pareciera que lo único que las sostiene sobre la superficie de la tierra…¡es la fuerza de gravedad!. Reflexionemos: sin rumbo, sin un sentido, sometidos al azar y la casualidad ¿para qué nos estaríamos esforzando? ¿qué podríamos lograr?

Sugiero no dar un solo paso, en cualquier sentido, ni tomar acción alguna, sin antes tener en claro hacia donde nos dirigimos. El solo hecho de haber definido el sentido de nuestro negocio o emprendimiento, ya generará de por sí una fuerza interior que nos impulsará en la dirección de nuestro objetivo, de nuestro sueño o nuestra meta a alcanzar.

Tener un objetivo claro y preciso, ya sea a un mes, a un semestre o a un año, nos otorgará una gran tranquilidad espiritual, desde el momento que estaremos conociendo el destino de nuestros esfuerzos. Generará expectativas positivas, deseos de mejorar, y de hecho lo haremos inconscientemente porque nuestra mente, concentrada en el logro de nuestro propósito, desechará todas aquellas cosas que no estén alineadas con nuestra propuesta interior.


La mente, esa poderosa aliada

Tal vez parezca fantasioso hablar de sueños, pero la realidad es que todo ser humano posee sueños, muchos de ellos escondidos, postergados, otros archivados e incumplidos, quizá por desconocer cómo lograrlos o por considerar que no se tiene la capacidad personal para conseguir cristalizarlos.

¿Cuáles podrían ser algunos de esos sueños estimulantes, que nos impulsen a actuar cada día? Doy algunos ejemplos extraídos de las encuestas que realizo entre los asistentes a los seminarios:

“Independizarme económicamente. Manejar mis tiempos y mi dinero”
“Comprar, cambiar o refaccionar mi casa. Vivir en la casa que quiero, no en la que puedo” “Comprar o cambiar mi automóvil. Conducir el auto que quiero, no el que puedo”
“Renovar todos los artefactos de mi hogar. Cambiar mobiliario, cortinas, decorar, pintar, alfombrar mi casa”
“Cambiar o comprar una PC ó notebook. Hacer un curso para aprender el idioma inglés”
“Pagar una buena universidad para mis hijos. Inscribirme yo mismo/a en la universidad, sin importar la edad”
“Ayudar a mis padres u otros familiares. Ayudar a mis hijos que forman pareja, se casan, compran casa”
“Viajar, tomar dos vacaciones anuales, conocer nuevos lugares en cualquier parte del mundo” “Conocer la tierra de mis antepasados. Hacer un crucero. Turismo aventura”
“Hacer curso de buceo, aprender a esquiar, o pilotear aviones livianos ó ultralivianos, hacer parapente”
“Realizar inversiones que me aseguren tranquilidad financiera en el futuro”
“Dar capacitaciones y seminarios. Liderar un gran equipo de distribuidores”

Obviamente, Usted podrá incorporar sus propios sueños; los anteriores son meros ejemplos que podrán servir de guía u orientación. Ahora bien, los sueños deben ser objetivados para comenzar a caminar hacia ellos:

El QUÉ: Definir exactamente qué se desea lograr. En-fo-que, es la clave.
El CÓMO: Planear los pasos a dar, comenzando por evaluar aquello que Usted ya posee, aquello que deberá incorporar, las personas que podrán ayudarle y la forma con la cual evaluará sus avances, semana a semana
El CUÁNDO:
Toda planificación debe tener una fecha de inicio y una fecha tentativa de culminación. La fecha de inicio debe ser inmediata. La fecha de concreción podrá flexibilizarse en la medida que sus planes se adelanten – algo que es muy frecuente -, o quizá se demoren. Lo importante es llegar a la meta diseñada.

Los sueños, una vez objetivados, se han convertido en metas, y tanto el qué, el cómo y el cuándo deben ponerse por escrito. Cuando Usted está escribiendo sus metas, estará “escribiendo” también en su mente todo aquello que desea lograr.

Es imprescindible tener en cuenta que al futuro se lo diseña hoy y se comienza a trabajar por él en lo inmediato; y este concepto – si desea tener éxito en su cometido – no es negociable. El tiempo transcurrirá inexorablemente, y todo lo que haga o deje de hacer hoy, tendrá efectos directos sobre su vida y su negocio en este año 2011, en el 2012, en el 2013…. Pensemos que los proyectos a mediano y largo plazo no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de nuestras decisiones presentes.

Una última idea: cuando fije sus objetivos piense en el placer, trabaje por el placer, por aquellos logros estimulantes, satisfactorios, divertidos. Piense en positivo, no boicotee sus propios deseos con pensamientos negativos. El poder de su mente es inmenso y Usted tiene el timón; puede orientar sus velas según de donde soplen los vientos para que éstos siempre le favorezcan. Finalmente: ¿dónde y cómo quiere estar Usted el 31 de diciembre de 2011? ¡Hasta la próxima!

lunes, 14 de junio de 2010

Conocer las necesidades, para entender las motivaciones. (Por Tomás Berriolo)


Para inspirar y estimular a alguien a quien deseamos ayudar a salir de la inmovilidad, superar temores o quizá inducirle a realizar alguna tarea en su propio beneficio, es imprescindible conocer los motivos por los cuales se pondría en marcha; las razones que le impulsarían a efectuar aquello que desea y tal vez no se anime por creencias limitantes, o suponer que no posee la suficiente capacidad, fortaleza, determinación.

Sabido es que el liderazgo en el mundo de los negocios se basa en impulsar a las personas a actuar sobre la base de sus deseos, sueños y necesidades. El filósofo Ralph Waldo Emerson afirmaba que “la mayor desgracia de un ser humano era no encontrar en su vida a nadie que le ayudase a descubrir lo que realmente podía llegar a ser y hacer”.

Es frecuente y hasta natural, que algunas veces nuestro entusiasmo nos lleve a caer en el error de pretender influir sobre las gentes a quienes deseamos orientar, transfiriéndoles – inconscientemente – nuestras propias motivaciones. Además de no lograr con ello ningún resultado, es probable ocasionar un conflicto interpretativo, pues las personas podrían percibirán esos “estímulos” como presiones intencionadas. Por lo tanto hay que ser muy cautelosos y hablar abiertamente para conocer – y ayudar a descubrir – las necesidades, deseos y sueños de las personas a quienes debemos guiar en los negocios o en el mundo empresarial.


Pirámide de Maslow

El sociólogo y psicólogo Abraham Maslow estudió durante muchos años el rango de las necesidades humanas. El tema le fascinaba y ocupó gran parte de su vida a detectar las necesidades más importantes en los seres humanos; aquellas necesidades intrínsecas de su propia naturaleza y que les ayudaban a la supervivencia. En la década de 1960 formuló una teoría graficada en una pirámide a la cual incorporó cinco franjas principales – más adelante las comentaremos – que fue paulatinamente aceptada y desde entonces trabajada, adaptada y aplicada tanto por la comunidad académica para sus estudios sociológicos, como en el campo de los recursos humanos de las empresas modernas.



1. Necesidades fisiológicas: Este tema se encuentra en la base de la pirámide y entre las necesidades están las que atienden de la manera más clara nuestra supervivencia, como la de saciar nuestra hambre y nuestra sed. Gandhi decía: “A un pobre no le hables nada más que de pan”.

2. Necesidad de seguridad: En este nivel hemos de considerar la necesidad de vivir en entornos seguros para nosotros y nuestros seres queridos: techo, hogar, trabajo, plan de jubilación, suficientes para llevar una vida digna.

3. Necesidad de socializar, dar y recibir afecto: Sentido de pertenencia, amor, existencia de relaciones en las que la afinidad y el afecto están presentes, son esenciales para un ser humano. La conexión se consigue a través de la comunicación interpersonal.

4. Necesidad de reconocimiento y estima: Es la necesidad del ser humano de sentirse valorado, de sentirse respetado, que se le escuche y se le preste atención. Desde aquí surgen oportunidades para que las personas descubran, reconozcan y se afiancen en sus propios recursos, desarrollarse y crecer.

5. Autorrealización: En este nivel, el más alto de la pirámide, se describe la necesidad que todo ser humano tiene de sentir que crece y se desarrolla, que tiene oportunidad de expresar al máximo todo su potencial. Es el nivel de la autenticidad, de la aceptación, de la creatividad. Es el nivel donde el ser humano encuentra un sentido trascendente a su existencia, un propósito, algo que lo moviliza con una enorme energía. En este nivel se hace referencia a la visión y la misión que encierra la vida humana, a la visualización y concreción de los sueños, llegando a estratos superiores cuando se logra “tocar” la vida de otras personas, ayudándoles y estimulándoles para que eleven su autoaceptación, descubran sus cualidades y desarrollen sus fortalezas.

Este breve detalle, estas cortas e incompletas definiciones, nos ubicarán no obstante frente a una verdad indiscutible para asistir apropiadamente a las personas que de una u otra forma se vinculan con nuestro negocio: Conocer su nivel de necesidad, sus sueños y objetivos, y trabajar en base a ellos..

a. Si se trata de un prospecto, indagar cuales serían las razones o motivos que le impulsarían a sumarse a nuestro proyecto de negocios.
b. Si fuese un cliente o usuario de nuestros productos, explorar sus necesidades y expectativas para poder facilitarle los beneficios que satisfagan sus requerimientos.
c. Si se tratase de nuevos emprendedores, ayudarles a descubrir, prudentemente, su nivel de necesidad, sus sueños postergados y su visión del negocio, y desde allí estimularlos para la acción..
d. Si el caso fuese de distribuidores independientes que desean prosperar en un negocio de Marketing de Redes y lograr niveles de liderazgo intermedio o superior, conocer las razones que le impulsan, nivel de compromiso, y sueños que desea satisfacer.

Es fundamental, en todo momento, respetar la dignidad de las personas. Conocer las razones o motivos que los movilizarían – para poder ayudarlos - no significa invadir su intimidad ni manipular sus sentimientos. Solamente significa eso: Conocer las razones o motivos por los cuales actuarían en su propio beneficio.

Por último, sería interesante recordar que usted podrá comprar el trabajo de la gente, podrá comprar el tiempo de la gente, podrá comprar sus conocimientos, inclusive podrá comprar cierta cantidad de movimientos corporales diarios, pero lo que nunca podrá comprar será su confianza, su entrega de espíritu y corazones, porque todo eso….. ¡hay que ganárselo!!!

martes, 25 de agosto de 2009

Nuevos negocios …¿con viejos hábitos?


Se ha dicho repetidas veces que el hombre es un animal de costumbres; no está de más, por lo tanto, analizar un poco en qué consiste esto de los hábitos, y su relación con quienes comienzan a desarrollarse dentro del mundo de los negocios, particularmente en emprendimientos independientes.

Cuando llegamos al mundo no tenemos hábitos que nos ayuden o nos estorben para algo. Los hábitos se van desarrollando a medida que avanzamos en el camino de la vida, ya que un hábito es sencillamente una forma predeterminada de actuar en una cierta situación.

Los hábitos tienden, simplemente, a ahorrarnos el trabajo de pensar en cada cosa que debamos hacer. Hay situaciones de nuestra vida diaria que ya las hemos realizado infinidad de veces; desde vestirnos, asearnos, alimentarnos, hasta conducir un automóvil. Sería imposible tener que pensar previamente cómo hacer cada una de estas cosas, por la sencilla razón de que no nos alcanzaría todo el día para hacer todo lo que debemos hacer. Esas actividades habituales, entonces, las realizamos en “piloto automático”, sin pensar, porque resultaría agotador, ante cada situación, tener que estar pensando qué se va a hacer. Entonces tendemos a repetir aquellas conductas que en ocasiones anteriores nos han dado resultado, o por lo menos nos permitieron salir del paso. De esa forma se va construyendo un hábito.

Podemos decir, por lo tanto, que hemos llegado al punto de nuestras vidas en el cual nos encontramos, conducidos, guiados, dirigidos, gobernados por nuestros hábitos. Ahora bien ¿estamos conformes con nuestra actual situación, o queremos mejorar nuestra forma de vida, cambiar nuestra economía, nuestra efectividad, nuestros ingresos, crecer? Todo cambio de rumbo en nuestras vidas significa reemplazar los viejos hábitos por otros que nos conduzcan hacia donde hoy queremos llegar.

Aquellos viejos hábitos que en determinada etapa de nuestras vidas fueron muy útiles y positivos, es probable que hoy, en un nuevo negocio o actividad, estén perturbando nuestro crecimiento, limitando nuestra forma de pensar y actuar. En otras palabras, que para cualquier actividad, para esta etapa de nuestras vidas, es posible que esos viejos hábitos ahora resulten nocivos y haya necesidad de cambiarlos, comenzando por cambiar algunas creencias. ¿Estamos dispuestos a realizar esos cambios…?

Es posible advertir que el ser humano promueve los cambios, y luego se resiste a ponerlos en práctica. También es común observar que muchas veces se proponen los cambios…¡para los demás! Es decir, que cada uno de nosotros quisiéramos hacer de la vida y del mundo, un guante a nuestra medida. Y sabemos que eso es imposible; como también es imposible pretender que los negocios y nuestros emprendimientos se ajusten a nuestros viejos hábitos, a nuestras antiguas costumbres y a nuestras creencias tal vez caducas.

Si afuera todo cambia permanentemente, ¿por qué resistirnos a cambiar nosotros? Siguiendo nuestros principios, respetando nuestros valores pero adecuándonos a una realidad circundante que nos propone nuevas formas de hacer negocios. En otras palabras, todo lo que contribuyó a nuestro éxito en el pasado, no nos garantiza que nos sirva en el futuro.

Cuando afrontamos el desafío de comprometernos en el mundo de los emprendimientos independientes, la mayoría proveníamos de diferentes actividades, profesiones y distintas experiencias de vida. Al encontrarnos con algo diferente a lo que estábamos acostumbrados, es inevitable sentir un impacto emocional. Comenzamos una actividad independiente que, en principio, hará que se alteren algunas – o muchas - de nuestras costumbres, nuestros hábitos adquiridos a través de varios años de tareas en relación de dependencia, o de inactividad, o tal vez de ocupaciones-profesiones que poco o nada tienen en común con el mundo de los emprendedores.

Muy difícil será prosperar en la actividad de los negocios si pretendemos seguir haciendo exactamente lo mismo que hacíamos antes de acometer un emprendimiento independiente. Recordemos lo expresado en el tercer párrafo de esta lectura: Hemos llegado al punto de nuestras vidas en el cual nos encontramos, conducidos, guiados, dirigidos, gobernados por nuestros hábitos anteriores. La pregunta es: ¿Queremos más de lo mismo, o deseamos mejorar nuestra calidad de vida? Si la respuesta es que queremos mejorar, será inevitable tener que afrontar cambios y adquirir algunos hábitos nuevos que nos conduzcan en la dirección deseada.

Frecuentemente muchas de las personas que deciden cambiar sus actividades en relación de dependencia por algún tipo de emprendimiento personal, no interpretan cual es el sentido y la necesidad de cambiar sus viejos hábitos por nuevas formas de hacer negocios.

Ante una situación que les afecta negativamente, su reacción puede ser la de lamentarse y quejarse, culpar a alguien más y hasta de sentirse incapaces. Se pone así en evidencia la existencia de un hábito o patrón de conducta perjudiciales para esta nueva manera de hacer las cosas. Sin dudas ese hábito debe ser desalojado y sustituido por otro, apropiado a las nuevas exigencias. Este es un tema que da para mucho más que un solo artículo, y por lo tanto lo seguiremos tratando en próximas entradas. Mientras tanto, a modo de reflexión dejamos una frase del filósofo Lucio Séneca (4AC- 65DC) de su obra “De la brevedad de la vida”: “No es porque las cosas son difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que son difíciles”. ¡Hasta la próxima!

jueves, 2 de julio de 2009

Mejorar la Manera de Relacionarnos. (por Tomás Berriolo)


¿No sería maravilloso que todo el mundo nos tratase amablemente? ¿Cuántas veces al tener que tratar con una persona, por cualquier motivo, nos sentimos disgustados y fastidiados por la manera en que se dirige a nosotros? Sin embargo, eso podría cambiar si entendiésemos un sencillo principio: los demás nos tratarán de la misma manera que nosotros los tratemos a ellos. Pero no es suficiente con entender este principio, sino que además deberíamos esforzarnos por ponerlo en práctica en nuestra vida cotidiana; y persistir en esa práctica.

Pensemos un poco: ¿qué es lo que se desprende de nosotros cuando hacemos contacto con nuestros semejantes? ¿somos secos, tajantes, hostiles, irónicos…? ¿qué creen ustedes que los demás harán con nosotros en esa misma situación? Obviamente, nos devolverán el “cachetazo” y tal vez agreguen algo más por su propia cuenta. Lo mismo que damos es lo que recibimos. Si de nosotros sale una sensación de disgusto y rechazo, esto es lo mismo que las otras personas experimentarán respecto de nosotros. Y cuidado que aquí no cuentan solamente las palabras que digamos, sino algunas otras cosas.

Hay un lenguaje que no es verbal, sino corporal. La expresión del rostro, la postura del cuerpo, el movimiento o posición de las manos, son señales inconscientes que muchas veces nos traicionan. Habrá que estar alertas porque hay ocasiones en que nuestro leguaje verbal va para un lado, y nuestro lenguaje corporal va en otra dirección. Además, al ser inconsciente, el lenguaje corporal generalmente está revelando lo que realmente sentimos y pensamos. Por ese motivo es que la expresión del cuerpo tiene tanta preponderancia en la comunicación interpersonal.

El tono de lo que se dice, el cómo se dicen las cosas, tiene además una importancia singular en la percepción de las otras personas….y obviamente en la respuesta que recibiremos. Uno puede estar diciendo frases amables pero con un tono desafiante, y lo que se percibirá la otra persona será el gesto hostil mientras que las palabras no serán escuchadas.

Algunas veces uno quiere ser correcto y por corrección peca de poco amable, desagradable y hasta alguna expresión puede resultar agresiva para nuestro interlocutor. ¡Debemos ser muy cuidadosos de lo que decimos, de cómo lo decimos, y de nuestros gestos corporales! Es fácil imaginar la importancia que estas breves reflexiones tienen en el mundo de los negocios, en especial cuando de ventas se trata. La interacción entre las personas es permanente; el diálogo es la fuente de nuestros negocios, ya sea para aprender, para enseñar, para disuadir, para estimular, para transmitir, para realizar seguimiento de una gestión. Para nuestra relación con prospectos, usuarios y potenciales clientes.

Alguna vez grabé un mensaje en el contestador telefónico de mi casa, apreciando - desde mi enfoque personal - que lo había realizado con toda profesionalidad. Me escuché un par de veces y quedé conforme. No pasaron 24 horas antes que alguien de mi familia me dijera: “Tu mensaje suena muy duro, poco amable; yo cortaría la comunicación abruptamente”. El comentario me pareció exagerado; no obstante lo cual volví a escuchar la grabación, inclusive llamando desde mi celular, y luego de oír mi tono de voz tres ó cuatro veces…¡me di cuenta que el comentario era acertado! Si nadie me hubiese llamado la atención sobre este asunto, habría quedado grabado un mensaje seco, tajante, tal vez muy profesional pero para nada amigable.

Cuenta el amigo Enrique Mariscal, un preponderante filósofo y catedrático argentino, en su libro “El Poder de la Palabra Creadora”, una desopilante historia relacionada con un ejecutivo que quiso ser absolutamente formal y preciso, desatendiendo los aspectos relacionados con la amabilidad y la cordialidad. Esto ocurrió:

El presidente de uno de los bancos más importantes del mundo se internó de urgencia en el Hospital Central. El vicepresidente del prestigioso complejo de negocios financieros, fue a visitarlo a la sala: “Quiero expresarle, señor Director, el deseo de nuestro Plenario de Accionistas para que usted recobre prontamente la salud y viva cien años. Es una resolución oficial, aprobada por una mayoría de 15 votos a favor, 8 en contra y 9 abstenciones”.

Así como ciertos medicamentos son calmantes y otros pueden quitar la vida, así algunas palabras alegran, otras afligen, otras…aterran! Una sonrisa provoca una sonrisa en el otro; un bostezo otro bostezo; una tos muchas toses. Un aplauso, dos aplausos, cien, miles. La complementariedad de gestos en la comunicación, es ciertamente ineludible. No perdamos de vista, entonces, lo que nuestro lenguaje verbal y gestual pueden generar en los demás. Dice un proverbio japonés: “Puedes aplastar a una persona, solo con el peso de tu lengua”.

lunes, 8 de junio de 2009

Lectura, Aprendizaje y…Acción! (por Tomás Berriolo)


Se ha dicho que todos los libros que necesitamos para convertirnos en personas tan exitosas, saludables, felices, positivas y habilidosas como queremos, ya han sido escritos. Tal vez no sea así, por cuanto todo lo que ha sido hecho es factible de ser mejorado, como afirmaba Thomas Alva Edison.

Lo concreto es que hoy disponemos de un enorme caudal informativo – en realidad estamos sobre-informados – y debemos ser selectivos con todo aquello con que alimentamos nuestras mentes.

Personas de todos los niveles, que han vivido las experiencias más increíbles, que han pasado de la miseria al desarrollo profesional, del más absoluto de los fracasos al éxito, han escrito y nos han ofrecido sus testimonios para que todos podamos compartir el tesoro de los conocimientos que han adquirido en esos procesos.

Nos han dado el regalo de su discernimiento para que, basándonos en los conocimientos que ellos adquirieron podamos formular nuestros planes, o modificarlos si fuera necesario, y de tal manera evitar los errores que ellos cometieron.

Y así como seguramente elegimos la calidad de los alimentos, de la comida para crecer y sobrevivir, también sería bueno informarnos y saber elegir el alimento para nuestras mentes y nuestros espíritus: los libros. Porque es necesario reconocer que así como existen comidas excelentes y comidas chatarra, en la literatura ocurre exactamente lo mismo: hay libros fundamentales, hay libros descartables e inclusive literatura basura.

También es importante saber discernir, en cada libro, aquellas partes útiles para nuestro desarrollo profesional, y aquellas que no agregan nada a nuestro crecimiento, o están desajustadas con nuestros valores. En cierta forma algunos libros son comparables a los CDs: compramos un CD de audio atraídos por un intérprete o determinados temas musicales, y sabemos, de antemano, que varias de las pistas son desechables, porque se han grabado como relleno y no agregan nada a la calidad artística del compacto.

Todos quienes desean tener una vida mejor, incorporar conocimientos profesionales que permitan innovar, crear y optimizar sus capacidades, no pueden darse el lujo de no leer los libros que poseen la información y la capacidad que ellos necesitan; esa literatura que puede causar un impacto en sus conciencias, hasta despertarlos para lograr un desenlace que producirá, en muy poco tiempo, un cambio positivo en sus negocios y en sus vidas.

Hay que tener conciencia que veinte minutos de lectura diaria producirá, en poco tiempo, un valioso caudal de información. De no hacerlo así, ese espacio libre será cubierto, inexorablemente, por la ignorancia.

Para que la lectura resulte beneficiosa y podamos atrapar los conceptos, comprender lo que leemos, interpretar y aplicar aquellos conocimientos que sean de utilidad para los negocios y la vida, hay un par de puntos a tener en cuenta:

• Elija las lecturas: Antes de invertir su dinero, hable con alguien que tenga sus mismos intereses, que persiga sus mismas metas, tal vez su jefe, su mentor o su líder, para saber qué comprar en determinada etapa de su desarrollo empresarial.

• No sirven los libros prestados: Un buen libro posee tal caudal de ideas, conceptos e información, que su sola lectura quizá no nos dejé más de un 10% - de acuerdo a lo que afirman los expertos. Un buen libro se debe poseer, disponer de él como material de consulta, leerlo por capítulos, releerlo, comentarlos con otras personas, señalar y resaltar las partes y los párrafos más destacables. En otras palabras: trabajarlos.

Los buenos libros deben ser exprimidos, se les debe sacar todo el jugo, toda su esencia y luego….implementarlos en la práctica. Más importante que saber, es saber qué hacer con lo que se sabe. Y no es un mero juego de palabras.

¿De qué nos servirían todas las ideas, los conocimientos, la inspiración que nos puede dar una buena lectura, si no ponemos en práctica aquello que hemos aprendido?

Podemos adquirir mucha información, ser una biblioteca ambulante, una verdadera enciclopedia con piernas, pero eso nos serviría de muy poco si no nos ponemos en acción y aplicamos lo que hemos incorporado a través de la lectura. No olvidemos que suele haber una considerable cantidad de “buenos habladores en los negocios” y que en realidad los únicos que triunfan son los auténticos “hacedores”. Eso mismo ocurre en todas las profesiones, en la administración como en el marketing, en la línea de producción como en el management.

Cuando se aplica lo leído, se le está confirmando a su línea dirigencial tanto como a sus subordinados, que Usted se está tomando muy en serio su negocio, y que se encuentra presto a continuar con su capacitación para desarrollarse e innovar permanentemente. Demostrar que se es un hacedor es un signo altamente positivo para cualquier compañía o emprendimiento personal, y su línea gerencial o de liderazgo querrá invertir su tiempo en Usted.

Por último, no olvidemos que el poco dinero y el tiempo que apliquemos a la capacitación, ya sea comprando un libro, un DVD o un CD, no debe considerarse un gasto sino una inversión. Una inversión en uno mismo. Finalmente, no piense cuánto le va a costar leer y capacitarse; piense cuánto le va a costar no hacerlo…!

viernes, 13 de marzo de 2009

"Para Qué Correr Riesgos?" (por Tomás Berriolo)


“Las cosas de valor, por fuerza tienen que ser caras. Si lo valioso no costara mucho, no significara ningún riesgo, probablemente no lo apreciaríamos”
Jim Rohn


Por estos días estoy dando un seminario que trata sobre la importancia de poseer un gran sueño que motorice nuestra motivación y nos impulse a actuar, permanente y consistentemente, en el desarrollo de nuestros negocios.

He podido advertir que hay gente a la que le cuesta manifestar sus sueños y declararlos públicamente, tal vez por cierto prurito de timidez o – como me han comentado algunas personas al final de cada seminario – por el temor a “arriesgar demasiado” para intentar conseguir objetivos que a priori consideran inalcanzables.

Bueno, ya tenemos dos interesantes temas sobre los cuales hablar en esta nota:

1) ¿Qué significa “arriesgar demasiado”?.
2) ¿ Porqué calificamos a priori, a determinados sueños como “inalcanzables”?


El riesgo “seguro”

Hace un tiempo vi una caricatura publicada en una revista de economía, que ilustraba a un hombre de impecable traje de ejecutivo, con un portafolios en la mano, muy serio y atildado, y el texto decía simplemente: “Nacido en cautiverio”. El dibujo y la expresión del hombre eran tan elocuentes, que plasmaban un dilema muy actual: remitirse a prácticas pasadas y tradicionales nos libera de la necesidad de tomar decisiones.

Una forma chata de vivir y actuar, sin salirse de los moldes ultratradicionales, nos promete seguridad y confianza. ¿Por qué romper los viejos hábitos? ¿Por qué arriesgarse a que otras personas te tomen por tonto? ¿Por qué arriesgarse con un concepto o idea nueva, que nos saque de nuestro espacio cómodo y confortable? Cualquier semejanza con la mediocridad…¡no es mera casualidad!

La gente creativa, sea cocinero, médico, chofer de taxi, plomero, arquitecto, operador turístico o ingeniero, dan forma a su vida, la diseñan, con un profundo sentimiento de significado personal. No dejan que las circunstancias los manipulen. Son responsables, libres y gozan de la vida, su negocio y la gente que los rodea. Están energizados por su propósito, por la motivación de un sueño grande que los moviliza. Buscan y continuamente descubren nuevas posibilidades.

En este caso, como en muchos otros, no arriesgarse es la manera más segura de perder. Si no puedes arriesgar, no puedes crecer. Si no puedes crecer, no puedes superarte. Si no puedes superarte, será muy difícil que puedas ser feliz. Y si no puedes vivir momentos de felicidad ¿qué otra cosa puede importar?


Soñar, soñar…

Tenemos derecho a soñar, independientemente de lo tonto o irrazonable que nuestro sueño les pueda parecer a los demás. Siempre que no molestemos a nadie, tenemos todo el derecho a luchar para alcanzar nuestros sueños. Nadie nos puede decir que un sueño es malo, tonto o utópico; nadie salvo nosotros mismos.

Cuando pidamos opinión a los demás respecto de nuestros sueños, recordemos que a la mayoría de la gente la atemorizan los cambios e ideas nuevas. No esperemos, por lo tanto, que todos estén de acuerdo y nos alienten enfáticamente. Algunos nos desalentarán, del mismo modo que ellos mismos desalientan sus propias ideas o frenan sus propios deseos.

Es demasiado fácil criticar o reprimir las ideas o sueños de los demás. No tenemos ninguna necesidad de soportar la presencia de alguien que quiera oponerse a nuestros sueños e ideas y nos ofenda poniéndonos en ridículo. ¿Hace falta agregar que tenemos el derecho a vivir nuestras vidas, a crear un modo de vivir agradable y a construir experiencias vivenciales en las cuales valga la pena correr algunos riesgos…?

Meses pasados, cuando al finalizar un seminario con más de 650 personas entonamos la canción “Libertad”, de la obra “Nabucco” de Giuseppe Verdi, como expresión de anhelo para liberarnos de nuestros propios temores y creencias limitantes, pude observar que todos cantaron, entrecortadamente, con un gran sentimiento emotivo.

Esa fue para mí la pauta más cabal de la firme intención de superación que reina en la mayoría de las personas. Y, como pocas veces me ocurre, me retiré del auditorio absolutamente conforme, pleno, feliz, porque entre todos le dijimos un NO rotundo a la mediocridad.

Porque ser libre implica asumir la responsabilidad por todo lo que integra nuestras vidas; aspirar a alcanzar un propósito que sea digno de lo mejor de nuestro ser; estar abiertos y ser permeables a cambiar hábitos y mejorar cada día, cada momento, corriendo los riesgos calculados que sean necesarios para que esa superación personal pueda hacerse realidad. ¿No les parece fantástico asumir riesgos bajo esa premisa de vida…? ¿Ustedes qué opinan…?

viernes, 27 de febrero de 2009

El Compromiso, Ese Gran Dilema. (por Tomás Berriolo)


“Genio, poder y magia”

“Hasta que uno no toma el compromiso, siempre está presente la reserva, la duda, la posibilidad de echarse atrás, la eterna inoperancia. Hay una verdad esencial concerniente a todas las iniciativas y creaciones: en el momento en que uno se compromete definitivamente, providencialmente muchas cosas se ponen en marcha y de pronto todo nos parece favorable sin que haya otra explicación. Pasar por alto esa circunstancia, nos conduciría a desbaratar muchos planes e ideas espléndidas. La decisión de comprometerse desata una serie de imprevistos que ponen en nuestro camino toda clase de encuentros, así como ayuda material, con los que no nos habríamos atrevido ni siquiera soñar. Siento reverencia por aquel célebre verso de Goethe: “Todo aquello que puedas hacer, o soñar que puedas hacer, acomételo; en la audacia y el coraje hay genio, poder y magia”(W.H.Murray “La Expedición Escocesa al Himalaya”).


El Radiofaro

El compromiso es la chispa que enciende el fuego, es la llave que hace arrancar el motor. Cuando trazamos una raya para dejar claro que habrá un antes y un después y nos decimos: “Me comprometo a hacer esto, cueste lo que cueste, durante el tiempo que sea necesario”, salta dentro nuestro una señal invisible como un radiofaro, en la que resuenan y se comienzan a visualizar todos los recursos necesarios para llevar a cabo la tarea.

Las ideas comienzan a discurrir, el tiempo se “ralentiza” o acelera según haga falta, los recursos comienzan a materializarse como por arte de magia, y la gente acude en nuestra ayuda como si la hubiésemos convocado. ¿Cómo puede ser que ocurra esto?, quizá se pregunten ustedes. Vamos a verlo a través de una sencilla comparación.

¿Jugaste alguna vez con un pequeño diapasón? ¿Recuerdas que al darle un golpecito se ponía a vibrar y zumbar y a transmitir por el aire ondas de sonido de una determinada frecuencia? Al acercarle otro diapasón afinado a la misma nota, captaba la vibración del anterior y enseguida comenzaba a zumbar y vibrar en sintonía con el primero; si el segundo aparato no estaba afinado a la misma nota, no vibraba.

De la misma forma, los seres humanos también enviamos señales silenciosas e invisibles. Casi todo el tiempo esas señales son débiles y difusas; sin embargo, al llegar a cierto grado de compromiso, las vibraciones humanas se intensifican. El espíritu, el alma, la fuerza vital, la adrenalina, comienzan a hacernos vibrar a mayor frecuencia. La gente que nos rodea capta inconscientemente esas vibraciones como si fueran invisibles señales de radio. Hay pequeños gestos, actitudes y posturas que manifiestan ese sutil mensaje que dice “me he comprometido definitivamente”.


“¡No quiero compromisos con nadie!”

Hay personas que en el estudio, los negocios, en las empresas y en la vida, preferirían pasar absolutamente desapercibidos, sin tomar compromiso con nada y con nadie, en una mediocridad desmoralizante que suele terminar en la queja, las excusas y hasta la transferencia a otros de la culpabilidad sobre sus propios actos e incapacidades.

¿Es que nos deberíamos comprometer con la empresa?, ¿tal vez con nuestro gerente?, ¿o con nuestro jefe?, ¿o con nuestro líder?, ¿o quizá con el negocio que estamos desarrollando?, ¿o con nuestro personal subalterno?, ¿tal vez con los clientes?. La realidad es que debiéramos comprometernos con nosotros mismos. Si en realidad deseamos ser exitosos en los negocios, trascender en la vida y mantener nuestra autoestima en un nivel apropiado, deberemos adoptar la decisión de jugarnos con todo, sin reservas, de hacer todo lo necesario por el tiempo que sea necesario. Recuerdo aquí una frase de Winston Churchill: “No es suficiente tratar de hacer algo lo mejor posible. Hay que nacer todo lo que sea necesario”.

El compromiso debe ser una promesa personal, de la cual es imposible retractarse. Menos que eso no funciona. Sería una forma de distracción, una manera de entretenernos, una trampa personal que nosotros mismos armamos para ilusionarnos e inmediatamente “tirar la pelota para adelante”. Quienes “no quieren compromisos con nadie”, generalmente son incapaces de tomar siquiera compromiso con ellos mismos. En ese caso, permítanme que les diga que se han metido en un callejón sin salida. La vida no funciona de esa manera; siempre habrá necesidad de interacción personal a todo nivel.


Declare su compromiso…y acudirán en su ayuda

Al comprometerte, las células de tu cuerpo se llenan de energía procedente de la pasión que genera la decisión irrevocable. Cuando el compromiso se asume en grande, la moral es alta, el rendimiento y la calidad de nuestra tarea se elevan a niveles considerables, y si – por fin – declaramos públicamente el compromiso contraído y lo hacemos conocer, misteriosamente aparecerán muchos que desearán ayudarnos.

Y aún más: se pondrá en funcionamiento nuestra inventiva, nuestra capacidad creativa, nuestra imaginación nos mostrará caminos que antes no veíamos y ahora se nos descubren de una manera increíble. Es muy sencillo: al comprometernos, hemos tomado la determinación de abandonar la mediocridad, descubrimos que hay una nueva realidad, y que “el acto del descubrimiento – escribía Marcel Proust – no consiste en encontrar nuevas tierras, sino en ver con nuevos ojos”.

Indaguemos en uno de los espacios más inexplorados del mundo, que es esa porción existente entre nuestras dos orejas, y seguramente en nuestro interior encontraremos las respuestas para que adoptemos la decisión, trascendental para los negocios y la vida personal, de asumir compromisos y honrarlos mediante la acción consecuente. Y comprobarán la certeza de la frase de Marcel Proust, con la cual cerraba el párrafo anterior. Será un estimulante ejercicio de autodescubrimiento. ¡Buena suerte!